sábado 31 de julio de 2010

Engaño-pasión: dícese de la culpa.

Parece haber comenzado hace mucho tiempo, y de hecho, ya no es tan corto el período de su existencia. En realidad la culpa siempre hace que el tiempo parezca pasar más lento, o quizás se el pensamiento constante que genera esa percepción de cada movimiento de la aguja más chiquita del reloj.
Cada gota pesada cae sobre el cuero cabelludo ablandándolo, causando dolor, perforando el hueso para así poder empapar cada una de las ideas y deformar los pensamientos que intentan despejar una mente que se sabe vil.
La humedad putrefacta; la humedad incómoda y persistente que no da tregua al sol de proyecciones consoladoras.
Este diluvio no es sino sed, a la inversa. Y como toda sed, es merecedora de agua.

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